Transformación digital de los despachos

“Hoy no somos diferentes que hace un siglo, o dos, simplemente disponemos de otros recursos para expresar lo que queremos, en un tiempo y espacio distinto. Eso, sin embargo, sí que ha transformado algunas de nuestras necesidades más latentes y profundas, que deben ser consideradas por las marcas de hoy”. Branzai.

Recientemente en el Congreso de Málaga 2016 tuvimos la oportunidad de hablar sobre esta transformación a la que debemos tender desde nuestro modelo de negocio y estrategia.   Durante esta 12º edición, abordamos el análisis de las necesidades de cambio a los que ve abocado el sector económico jurídico en general y el de la abogacía en particular, debido a la transformación digital que sufre en estos momentos la sociedad actual.

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La inclusión de la tecnología en todos los aspectos del mundo empresarial es una marea imparable que atrae nuevas oportunidades, pero a su vez nuevos desafíos desde el punto de vista de gestión del cambio, y nuestro sector no es ajeno a ello. Por esto, los despachos que no apuesten por este nuevo paradigma de la digitalización encontrarán dificultades para ser competitivos respecto a la captación/retención del talento y en el propio mercado.

La transformación digital implica, por tanto, reflexionar sobre cómo ser más eficientes por medio del uso de la tecnología aplicada en el ahorro de costes, aumento del valor añadido para el cliente y la creación de nuevas oportunidades de negocio.

El mayor problema, en las firmas de abogados, para la transformación digital se encuentra en la mayoría de los casos en la labor de los líderes al tratar de generar nuevas competencias en organizaciones con fuertes culturas y modelos operativos heredados.

Existe una clara diferenciación entre la actualización digital –basada en la inversión en software- y la transformación digital, en la que la tecnología no sólo se renueva, sino que con ella también lo hace la forma interna de trabajar a nivel y la interacción con los clientes conforme al valor añadido que se quiere servir. Esto implica la generación de estructuras líquidas y colaborativas en las que se trabaje en base a la gestión del conocimiento por medio de nuevas formas de management en las que se deberá ceder el control a nuevos estilos de liderazgo co-creativos que potencien las capacidades de todo el despacho, evitando tener recursos personales y materiales infrautilizados.

Es innegable que la forma de consumir de los clientes ha cambiado, ejemplo de ello son las búsquedas que hacen en Google antes de acudir al despacho, las visitas a la web corporativa desde el móvil… Este cambio en el que todos somos protagonistas (¿quién no mira el hotel o el alojamiento por internet y las opiniones de otros usuarios antes de irse de vacaciones?) nos hace replantearnos la tradicional pirámide de Maslow citada en su obra “Una teoría sobre la motivación humana” (1943). Los hombres seguimos siendo los mismos, pero la tecnología ha llevado incluso a replantearse otras necesidades como el wifi o la batería.

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Aunque puede parecernos exagerado, y dependerá de su uso en términos generales, el móvil se ha convertido en algo imprescindible con el que pagamos servicios, usamos aplicaciones, contestamos e-mail, etc.; sí algo es cierto es que el uso de la tecnología nos ayudará a ser más atractivos, incluso de cara a la captación de talento.

Es por ello, por lo que, si no llevamos a cabo esta transformación digital en el despacho, tarde o temprano, nos superarán los competidores que sean más ágiles, con nuevos flujos de trabajo y/o hayan adaptado la oferta de servicios a sus clientes con base en la tecnológica.

Debemos reflexionar acerca de cómo la tecnología puede ayudarnos de cara a nuestros procesos internos y mecanismos de comunicación con el cliente para detectar los posibles cuellos de botella que supongan falta de eficiencia, de rentabilidad o de excelencia en nuestros servicios. Una vez identificados, deberemos trabajar su mejora en busca de tener más capacidad para centrarnos en la creación de nuevos servicios, en mejorar la venta a los clientes existentes, y encontrar formas innovadoras para llegar a los potenciales.

No se trata de hacer grandes inversiones, en todo caso habrá que adaptarse al modelo de negocio de cada despacho. Quizá la clave está en introducir nuevas herramientas que promuevan una mayor colaboración y construir una estrategia de seguridad de protección de activos y datos con un especialista. Esto puede pasar desde en el uso de aplicaciones en la nube, hasta en la creación de apps para su utilización como intranet o, incluso, para dar acceso y comunicarnos con el cliente.

Este artículo fue inicialmente publicado en el Blog de Gestión y Marketing de Abogacía Española para leer el artículo completo haz click aquí

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