Abogado: Despierta y mira a tu alrededor porque todo ha cambiado mientras dormías.

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Ser abogado hoy es mucho más que ser un experto jurista. Aunque la mayoría de profesionales aún no lo han percibido, una auténtica revolución en el mundo jurídico se ha iniciado.

Está en vías de extinción el abogado que esperaba a los clientes en su despacho, el abogado que captaba exclusivamente porque otros clientes le recomendaban, el abogado que sólo sabía Derecho(en el mejor de los casos) y el abogado que vestía trajes caros como representación de su triunfo.

Da igual que sea un abogado individual o el socio de un gran bufete. El mercado pide más de un abogado. Mucho más.

En un entorno cada vez más competitivo, con mejores y mejor formados profesionales, sólo aquellos que consigan generar una mayor reputación serán diferenciados por los consumidores. Al fin y al cabo, la abogacía, como tantas otras profesiones liberales, no se basa si no en eso: reputación. Pero ésta también ha cambiado. Hasta hace unas décadas, la reputación la daba la cátedra en la universidad, el doctorado o las publicaciones. Hoy eso… ya no es tan importante.

La endogamia es ya una evidencia y la sociedad admite sin reparos que no son los mejores los que ascienden en el escalafón si no los mejor “apadrinados” por los estamentos. Paralelamente,la universidad está perdiendo su posición como motor cultural al vivir cerrada sobre sí misma sin respirar la práctica de la sociedad.Y eso, en un entorno como el jurídico que ha comenzado a evolucionar a velocidad vertiginosa hace que se generen monumentales momias teóricas incapacesde resolver los problemas prácticos del día a día. Encontramos a “expertos en derecho tecnológico” debatiendo y argumentando sobre la bondad o maldad del deep link o que conociendo todo el funcionamiento de un proxy no ven que se usa para conseguir una navegación con ip enmascarada.

Han quedado atrás los días en los que conocer la Ley era suficiente para aportar valor al cliente. Hoy la información se ha universalizado y sobre casi cualquier materia el cliente puede conocer la norma aplicable. Ya no hace falta tener las paredes del bufete empapeladas con interminables colúmenes de recopilaciones juridicas. El acceso a la ley ya no es monopolio de los juristas. El abogado por ello tiene que conseguir más de la ley que aquello que ésta manifiesta.

El abogado que sólo sabe buscar y leer será superado siempre por google. Es más necesario que nunca interpretar la ley, integrarla y conseguir desarrollar soluciones eficaces. Es necesario saber de lo que tiene relación con la norma, de lo que la sirve de sustrato, de lo que la soporta.

Del mismo modo que en la edad media el acceso a la cultura estaba monopolizado por losmonasterios que atesoraban bibliotecas y la imprenta universalizó la el acceso al saber, del mismo modo, digo, internet y las herramientas informáticas han roto el monopolio de conocimiento de la norma y deja de ser el tesoro de los juristas. Ahora el valor del abogado debe estar en lo que él crea o aporta.

La reputación hoy en día impone al abogado la obligación de saber más, de comunicar mejor, de convencer y de llegar más allá.

El mercado exige al abogado que sea capaz de transmitir su conocimiento y su visión jurídica. No es suficiente con ser brillante sino que los clientes tienen que entender y comprender esa brillantez. La ley ahora debe hacerse comprensible, el discurso jurídico no puede seguir anclado en patrones cavernarios… porque no es comprendido por aquellos que deben valorarlo. La valoración ya no la da un jurado de oposición, si no que la da (o la quita) el mercado, los consumidores, los clientes.

Y ellos no podrán enjuiciar la valía del jurista si no comprenden su aportación, su razonamiento,su valor. Comunicar y explicar el mensaje jurídico es lo que hace al abogado influyente, puesto que consigue transmitir su valía a la sociedad. Y cuando la sociedad le reconoce como “valioso”entonces es cuando tendrá la reputación.

Cuanto más cerca se está de los que no entienden el derecho más alto se puede ascender en la valoración jurídica. Curioso ¿verdad? Pero es el cambio de paradigma. Sólo el que llegue a todos podrá estar entre los mejores.

Ya no basta con ser bueno. Sólo la excelencia es el camino.

Jesús López Pelaz

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