Conoce a… Luis Cazorla – Abogado y Doctor en Derecho y Profesor Titular (I) de Derecho Mercantil de la URJC

 

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Escribir sobre lo que para uno significa su profesión, no es nada fácil, porque supone, en definitiva,  hablar de uno mismo.

En mi caso implica hacerlo sobre las profesiones de abogado y profesor universitario y su conveniente y enriquecedora conexión, idea que, además, inspira a Cazorla Abogados como firma jurídica. Pues bien, en el marco de la difícil compatibilidad de ambas profesiones por motivos de todo orden y consideración lo cierto es que de la combinación de ambas genera unas “sinergias” muy positivas.

Me explico; para un profesor universitario tener la oportunidad de poner en práctica sus conocimiento científicos en el marco de la actividad empresarial supone la posibilidad de conectar dicho acervo con la realidad; algo que por otro lado es lo que el conocido Plan Bolonia ha intentado incorporar –con más pena que gloria- a la Universidad. El profesor debería ser capaz no sólo de aportar un conocimiento teórico al alumno, sino nutrir su enseñanza como conocimientos prácticos, algo que, por otro lado, la transmisión de competencias en el ámbito Bolonia impone. De este modo, parece afortunadamente superada (a veces me pregunto si del todo), posiciones académicas tradicionales que consideraban que el ejercicio práctico de la abogacía contaminaba la excelencia académica. Nada más lejos de la realidad; bien gobernados ambos ámbitos el resultado es enriquecedor.

La Universidad necesita conectarse con la realidad, bajar de su púlpito, de modo que no sólo se investigue, sino que también se divulgue y se ejerza, sin desconocer las dificultades existentes de todo tipo para ello, pero eso es harina de otro costal. Magníficos ejemplos de que esto es posible – y no sólo quejarse de lo difícil que es- nos ofrece la actualidad.

Desde la perspectiva del abogado, la condición de profesor universitario de carrera, lo que supone o debería suponer haberse adentrado con mayor o menor acierto y éxito en el ámbito de la investigación académica, sus rigores, penurias, y mieles, permite atesorar una capacidad de estudio y reflexión, y unos mimbres para la aproximación al problema jurídico planteado que son instrumentos de incalculable valor. Lejos de ser una rémora para la práctica jurídica, hay que saber ponerlos en juego, desempolvarlos y hacerlos valer.

El abogado -pese a que esté de moda predicar lo contrario- debe conocer en sentido amplio el Derecho, y ese es su activo y requisito esencial sobre el cuál debe comenzar a construirse lo demás. No sólo eso, desde luego, y al respecto he escrito mucho (debe tener también capacidades de comunicación, comerciales, etc), pero el punto de partida debería ser el conocimiento del Derecho. Y, si el elemento principal o uno de ellos es el conocimiento del Derecho, el profesor universitario tiene (o debería tener, insisto) el bagaje, los medios y los instrumentos necesarios para poder decir que sabe Derecho. Me parece un punto de partida magnífico y único para poder ser un buen abogado.

Lo anterior trato de ponerlo en práctica en la medida en la que el difícil entorno en el que desarrollamos nuestra actividad académica me lo permite. Estoy convencido de lo enriquecedor de que ambas facetas convivan, y de que el profesor universitario debe romper determinados perjuicios y barreras creadas justificada o injustificadamente. Hay que investigar, pero también divulgar e interactuar en la medida de lo posible con la realidad económica y empresarial.

Esa misma idea es la que sin prisa pero sin pausa tratamos de trasladar a CAZORLA ABOGADOS como rasgo de identidad. Una firma con estrechos vínculos con lo académico pero capaz de prestar sus servicios de la manera más ágil, flexible y eficiente posible. Entendemos que eso nos distingue, es nuestro reto y en ello estamos.

No se trata de renunciar a una u otra condición, ni conformarse con entender que son incompatibles, sino más bien de intentar integrar ambas para encontrar un resultado mejor.

No quiero terminar la breve entrada, en la que espero no haberos aburrido con mis divagaciones, sin agradecer a Sara Molina Pérez-Tomé la invitación a participar en este foro, y sin felicitar tanto a ella como su equipo por su trabajo y proyecto, y agradecer lo mucho que podemos aprender quiénes  (en este caso y siguiendo el hilo del post profesores universitarios y abogados) a los que la comunicación en todas sus vertientes, lejos de parecernos algo banal, lo consideramos un activo enriquecedor de cualquier formación y profesión.

Un abrazo a todos.

Os invitamos desde Marketingnize a que sigáis su Blog Jurídico y Docente pinchando aquí.

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