Conoce a Borja Adsuara Varela, Profesor, Abogado y Consejero de Estrategia Digital

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A modo de introducción

Estos chicos de Marketingnize son unos tramposos. Nos “doran la píldora”, nos hacen creer que somos importantes, que decimos cosas interesantes, que la gente nos quiere conocer más… Te invitan a escribir en esta sección y no puedes decirles que no. Y te hacen una faena, porque tienes la sensación de que estás obligado a hacer un “striptease” y uno es muy pudoroso para estas cosas.

Como no sabes muy bien cómo enfocarlo, miras en su web la introducción de la sección y te topas de bruces ni más ni menos que con el bueno de San Agustín (ahí es nada): “Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa, sino lo que ama”. Y te preguntas: ¿y a estos señores qué les puede interesar lo que yo ame y, sobre todo, a quiénes ame? Panda de cotillas.

Pero no. Sigues leyendo: “creemos que la excelencia profesional se basa en tres pilares: talento, ilusión y pasión”. Y respiras aliviado. ¡Ah, bueno!, se trata de un enfoque profesional. Aunque te ponen en un brete, porque dan por supuesto que tú has alcanzado la “excelencia”, que ya es mucho suponer, y que tienes esos tres pilares; sobre todo, lo del talento.

Y siguen haciéndonos la pelota: “Queremos acercarnos a la figura y a la persona de cada uno de los que hacéis del mundo un sitio mejor, aportando vuestro trabajo y entrega”. Y uno realmente no sabe si con su trabajo y entrega colabora a hacer un mundo mejor, pero sobre todo, lo que te desconcierta es la distinción entre la “figura” y la “persona”. Porque para figuras, las del toreo.

Y terminan: “Tan sencillo como poder escuchar de primera mano la experiencia de grandes profesionales y su manera de ver la profesión y el futuro de ella”. Y, obviando lo de “grandes profesionales”, al menos sí te sientes capaz de contar tu experiencia y tu visión de la profesión y de su futuro. Porque, en definitiva, se trata de una web de marketing para Abogados, así que ¡a venderse un poco!

Mi experiencia como jurista

Aclaro que me defino como Abogado en el sentido de la RAE, como “Licenciado o doctor en derecho que ejerce profesionalmente la dirección y defensa de las partes en toda clase de procesos o el asesoramiento y consejo jurídico”; aunque me he dedicado más a lo segundo (el asesoramiento y consejo jurídico), que a lo primero (la dirección y defensa de alguna de las partes en un proceso).

Pero, sobre todo, me defino como Jurista, porque, más allá del asesoramiento a particulares (empresas o ciudadanos) en la defensa de sus intereses legítimos, he tenido la oportunidad de dedicarme la mayor parte de mi vida a la búsqueda y a la defensa del interés general y de la Justicia, como Profesor, como Asesor Parlamentario e, interinamente, desde la Administración.

Confieso que, cuando terminé el COU e hice la Selectividad, dudé entre estudiar Filosofía, Filología (clásica o hispánica) e, incluso, Bellas Artes (porque no se me daba mal el dibujo), pero me decidí por el Derecho, no sólo por aquello de que “tenía más salidas”, sino sobre todo porque me apasiona la Justicia, o más cierto es decir que me repugna la injusticia, pues se percibe con más fuerza lo injusto.

Lo siento, es más fuerte que yo. No soporto las injusticias. Es algo visceral. Se me retuercen las tripas cuando veo una. Da lo mismo el tiempo que ha pasado y la experiencia acumulada. Me sigue ocurriendo como cuando era un niño, mucho antes de dar mis primeros pasos en el Derecho; y espero que me siga ocurriendo hasta que me muera, pues tiene que ver con un instinto jurídico.

Quizá de ahí también me venga mi vocación por la cosa pública, tanto desde el punto de vista ejecutivo como legislativo, pues la “justicia rectiva” (la del gobierno y la administración, que “rigen” la nación) y la “justicia directiva” (la de las leyes, que marcan la “dirección”), van antes que la “justicia correctiva” (la de los jueces, fiscales y abogados, que “corrigen” el rumbo, cuando alguien se desvía).

Mi especialización profesional

Cuando terminé la carrera hice los cursos de Doctorado de Filosofía del Derecho, porque siempre he tenido muy claro que lo que más me gusta y mejor hago es manejar conceptos. Dicho así sé que suena un poco raro. Porque para algunos será algo de perogrullo y para otros, una especie de erudición, inútil y “pedante”, pero, si algún talento tengo -junto al de comunicar- creo que es éste.

Investigar, distinguir y elaborar conceptos se me da bien. Seguramente porque tengo unas estructuras mentales filosóficas, predispuestas para ello. Al principio creía que era algo normal y que lo hacía todo el mundo, pero poco a poco, en mi vida personal y profesional, me fui dando cuenta de que no era así. Lo que era obvio y evidente para mí, otros no lo veían.

Así que, tanto en la elaboración de leyes, como en el diseño de políticas públicas, como en el ejercicio de la Abogacía o de la Consultoría estratégica, lo que hago, sobre todo, es pensar en los conceptos que hay detrás de lo que se quiere hacer; porque, si se tienen claros los conceptos (y si son acertados), lo demás va solo. Como dicen en Harvard: “No hay nada más práctico que una buena teoría”.

A lo largo de mis 25 años de vida profesional me he especializado en propiedad intelectual, protección de datos, derecho de la información y, sobre todo, derecho de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación o “derecho digital” y he tenido la oportunidad de participar en toda las “leyes electrónicas”, desde el comercio electrónico hasta la firma electrónica o la administración electrónica.

Pero, sobre todo y antes que nada, soy Profesor. Siempre lo he sido, desde que me ganaba unos “duros” dando clases particulares a niños, hasta el día de hoy. Es mi vocación y mi verdadera pasión: enseñar, explicar e intentar “hacer fácil” lo que parce difícil. Tanto en el aula como fuera de ella, porque la pedagogía es  algo muy necesario. Y si es con un poco de humor, mucho mejor.

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